lunes, 28 de julio de 2014

Acudiendo a un llamado, regresando a casa para comer pescado, mujer con algodones en la boca que sangra por la piel, señor que cuando conversa se le transforma el rostro pidiendo dinero.

Acudiendo a un llamado, regresando a casa para comer pescado, mujer con algodones en la boca que sangra por la piel, señor que cuando conversa se le transforma el rostro pidiendo dinero.



















Voy corriendo lo más que puedo y por una calle oscura. Me acompañan adelante dos de mis hermanos. Ellos se apresuran corren más que yo.

Les grito que allá los alcanzo. Luego los veo desaparecer.

En un breve pestañeo voy en un camión de los años sesenta. Les digo a mis hermanos que debemos de bajarnos. No veo el timbre por ningún lado. Este pinche camión sólo tiene un lazito que al jalárlo se enciende un foco rojo.

El camión se detiene justamente en el mercado de Mixcoac. Al bajar les digo a mis hermanos que equivocamos el rumbo. Debimos de habernos bajado en Tacubaya por dónde estaba el cine Jalisco . No perdemos el tiempo y volvemos a correr. El problema es que llevo dos grandes cobijas que me impiden efectuar bien los movimientos. Mis hermanos se alejan de nuevo. Les digo que me tardaré, las cobijas me pesan. Después los veo desaparecer nuevamente.


Esta casa es una casa antigua. Me dicen que es la casa de mi abuela pero en verdad no la reconozco. Estoy sentado en la espera de que me sirvan un pescado frito. Esta casa no parece casa, parece una lonchería de mala muerte.Veo a algunas personas que ya murieron y otras que no tardan en hacerlo pero que para mí ya están muertas. Mi hermana Paty come sopa como desesperada, le dice a una obesa que la casa se la robaron de fea forma. La obesa le cambia la platica y le dice que sí quiere más sopa. Paty cae y le dice que sí, luego habla de las jaulas de los pájaros. La obesa lleva la boca retacada de algodones. Tiene los cachetes gordos, los algodones supuran saliva con sangre. Además le sangra la piel. Quién sabe que enfermedad padezca. Dicen que a veces las enfermedades nos las merecemos. Según te hayas portado de ese tamaño será tu enfermedad, dicen.

Enfrente de mí hay un señor que se ha cortado el pelo. Su nuca se ve pelona, se dejó un copete de gallo. Me llama la atención el rostro de este señor porque a medida que habla se le va transformando, poco a poco lentamente se convierte en Salinas de Gortari, me causa risa ver como los corruptos se identifican. Tal y como lo hacen otros grupos humanos.. Sino mira la cara del ladrón, todos la tiene malévola.

Dos tíos que ya son calacas se reparten el dinero del cambio de las cervezas. Les digo a los dos que debo de entregar el dinero. Ellos se quedan cada quién con la mitad me dicen que le invente un cuento al dueño del dinero…


Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
Nec spe, nec metu
27 de julio de 2014.
Estados Unidos Mexicanos.