viernes, 2 de enero de 2015

Barcos, fierros que llevo a vender, pulquería borrachos, factura a la que le cambian una palabra, hombre con hambre.

Barcos, fierros que llevo a vender, pulquería borrachos, factura a la que le cambian una palabra, hombre con hambre.



























Entro a una bodega de enormes dimensiones. La bodega se encuentra en una de las calles aledañas al centro histórico.

Puedo ver con toda la claridad que te pueden dar los sueños a un grupo de personas que se dan a la tarea de fabricar barcos. Me acerco para preguntarle a unos que están arriba de la nave cual es la razón de fabricar los barcos a un costado del Palacio Nacional?

No les resultaría más fácil y menos costoso que hicieran los barcos cerca del algún mar?

Uno de arriba me grita coloca sus manos en la boca y me dice que lo que sucede es que se debe de tener un barco listo por sí el gobierno de la república hace agua.

Hace agua?

Dicho esto y con la explicación de por medio salgo del lugar.

Paso por otra de las calles del centro. Es una calle oculta, a la mitad de esta se encuentra una pulquería. Se abren las puertas y sale un grupo de borrachos. Llevan a uno ahogado.

Me acerco y les pregunto que tal está la pulquería?

El ambiente es de puros borrachos me dice uno y suelta la risotada¡

Les digo que voy a entra y tomar algunas imágenes, creo que nadie visto está pulquería , es única y solo en los sueños míos está.

Si y en los sueños de nosotros.

Los borrachos se ríen en grupo..

Una vez que tome las imágenes camino para dirigirme a la plancha central del Zócalo. Son los años cuarenta. Los hombres llevan sombrero y las mujeres faldas debajo de las rodillas.

En una de las esquinas han muchos fierros tirados, son como unas veinte barretas. Tomo algunas. Estás bien pesadas. Si me llevo estas tres y calculando que está a cuarenta centavos el kilo creo que me darán algo de dinero.

Ahora estoy en una oficina. Miro a través de la ventana. Hay un letrero. Una gorda ofrece máquinas de escribir.

Y quién podrá comprar una máquina que te vende una gorda?

Bueno. Tambien está un señor igual de voluminoso. Le muestro un documento. Este lo revisa meticulosamente. Después con la goma de un lápiz borra una palabra y sobre la palabra borrada escribe otra . Me entrega el papel y me dice que ya está.

Salgo.

Por la calle que dá justamente al Palacio de Hierro me encuentro a un amigo de la juventud.

Quiubole cabrón ¡ me dice .

Que paso¡

Como has estado?

Algo jodido .

Sí te miras medio traqueteado.

Que bueno que te encuentro.

Pues sí.

No he comido.

Pues come y se te quita el hambre.

Miro su gesto. No es broma.

Comprendo y le digo que lo invito a tomar un café y a comer.

Entramos a una cafetería donde según dicen venden un sabroso café de Portugal.


Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra.
Nec spe, nec metu
2 de enero de 2015.
Estados Unidos Mexicanos.