MADRID
MADRID.
Por la noche de este sueño que no me deja abrir los ojos , miro a la fría que desciende de un viejo camión. Ella se las da de que sabe manejar cualquier transporte. Eso a mi no me cabe duda. Se sube como machorra y le mete los pedales con tanta fuerza que parece que ser van a zafar. Me grita para que vaya con ella. Nos alejamos por una vereda de no sé qué pueblo. Miró hacia atrás y me acuerdo de Machado cuando dijo que atrás se ve la senda que nunca se habrá de pisar. Atrás del nuestro camino vamos dejando regados unos mosaicos de tono blanco . Los perros se acercan para olerlos.
Llego a mi casa y una voz gutural me indica que debo de estar lo más pronto en España.
Busco entre mis bolsillos y en la bolsa derecha dejé mi boleto. Corro al Puerto. Ahí una mujer con tetas abundantes me dice que sí no subo en el instante el pajarraco me dejará.
Por fortuna yo nunca viajo con maletas innecesarias, solamente una o dos muda de ropa y esas las echo en mi mochila de mano.
Es el tiempo de sueño y ahora me encuentro haciendo cola. Hay una multitud que busca empleo, son personas que están en paro. No pensé que en un país desarrollado no hubiera empleos. Si estos conocieran de cerca la realidad de México en donde las gentes tienen más hambre que un ratón.
Los que están formados parecen ser afortunados. A cada uno de ellos le dan un papel de color azul. Deben llegar a una ventanilla. En ese lugar una muchacha le hará una sola pregunta. Si la responden estarán con empleo.
A mí me preocupa que las gentes no tengan actividad remunerada. De algo se debe vivir.
En esa espera estoy cuando un español se percata que soy mexicano y me pregunta por José Alfredo. Le digo que pocas personas en el mundo tiene la capacidad de describir los que les acontece en su realidad o en su interno. El joven me pide que en ese periódico le escriba un solo verso del compositor. Busco en la memoria y le pongo el que me parece más acertado. El muchacho mira complacido y comienza a leer.
Para hacerme un favor me dice que si estoy en paro me forme. Señalándo a la ventana que para ese momento ya no tiene gente. Casi en el último instante decido formarme. Una muchacha que se llama Juanita. Al verme me pregunta a boca de jarro que cuanto son dos más dos. Ahí te confieso que cualquiera me puede joder. Mi cerebro se traba como si le faltara aceite. Comencé a tartamudear, no supe que decir, mi cara se tornó colorada lo mismo que mis orejas. La Juanita cerró los labios y retiro un papel de su mostrador.
Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra.
Nec sp, nec metu.
05 de Junio de 2011.
Estados Unidos Mexicanos.
Por la noche de este sueño que no me deja abrir los ojos , miro a la fría que desciende de un viejo camión. Ella se las da de que sabe manejar cualquier transporte. Eso a mi no me cabe duda. Se sube como machorra y le mete los pedales con tanta fuerza que parece que ser van a zafar. Me grita para que vaya con ella. Nos alejamos por una vereda de no sé qué pueblo. Miró hacia atrás y me acuerdo de Machado cuando dijo que atrás se ve la senda que nunca se habrá de pisar. Atrás del nuestro camino vamos dejando regados unos mosaicos de tono blanco . Los perros se acercan para olerlos.
Llego a mi casa y una voz gutural me indica que debo de estar lo más pronto en España.
Busco entre mis bolsillos y en la bolsa derecha dejé mi boleto. Corro al Puerto. Ahí una mujer con tetas abundantes me dice que sí no subo en el instante el pajarraco me dejará.
Por fortuna yo nunca viajo con maletas innecesarias, solamente una o dos muda de ropa y esas las echo en mi mochila de mano.
Es el tiempo de sueño y ahora me encuentro haciendo cola. Hay una multitud que busca empleo, son personas que están en paro. No pensé que en un país desarrollado no hubiera empleos. Si estos conocieran de cerca la realidad de México en donde las gentes tienen más hambre que un ratón.
Los que están formados parecen ser afortunados. A cada uno de ellos le dan un papel de color azul. Deben llegar a una ventanilla. En ese lugar una muchacha le hará una sola pregunta. Si la responden estarán con empleo.
A mí me preocupa que las gentes no tengan actividad remunerada. De algo se debe vivir.
En esa espera estoy cuando un español se percata que soy mexicano y me pregunta por José Alfredo. Le digo que pocas personas en el mundo tiene la capacidad de describir los que les acontece en su realidad o en su interno. El joven me pide que en ese periódico le escriba un solo verso del compositor. Busco en la memoria y le pongo el que me parece más acertado. El muchacho mira complacido y comienza a leer.
Para hacerme un favor me dice que si estoy en paro me forme. Señalándo a la ventana que para ese momento ya no tiene gente. Casi en el último instante decido formarme. Una muchacha que se llama Juanita. Al verme me pregunta a boca de jarro que cuanto son dos más dos. Ahí te confieso que cualquiera me puede joder. Mi cerebro se traba como si le faltara aceite. Comencé a tartamudear, no supe que decir, mi cara se tornó colorada lo mismo que mis orejas. La Juanita cerró los labios y retiro un papel de su mostrador.
Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra.
Nec sp, nec metu.
05 de Junio de 2011.
Estados Unidos Mexicanos.

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