domingo, 8 de febrero de 2015

Letras a lápiz, quisieron ganarme el lugar, teatro de pueblo, versos en la calle.







Letras a lápiz, quisieron ganarme el lugar, teatro de pueblo, versos en la calle.


































La mujer pelona está encantada leyendo algunos escritos míos.

Me mira y me dice qué como le hago. Que ella quisiera poder escribir pero no le sale nada, está con la mente en blanco ¡

Es sólo cosa de práctica..

Me puedo robar algunas frases tuyas?

No son mías todo está inventado; hasta los inventores¡

Estoy en medio de un tumulto y a la espera de que abran las puertas.

Atrás de mí persona hay un individuo que tiene cara de gandalla.

Se escucha que quitan un cerrojo, se abren las puertas todos corren como caballos locos a ganar lugar.

Antes que que el señor gandalla haga una de las suyas se lo voy a impedir. De un salto tomo aquél sofá. Este se acerca y me dice que ese lugar estaba destinado para él?

Sí?

Pués yo no veo que diga: Lugar destinado al señor gandalla.

El hombre pone cara de enojo y se retira.

Ahora ando en la calle.

Llevo en la mano un puñado de versos, son versos que escribí en pequeños papeles.

Me paro en una de las calles y a cada persona que pasa le entrego uno.

Algunos toman el papel, otros me dicen que no, otros lo leen en el acto se sonríen y se van después de saludarme con sus ojos.

Este es un teatro pequeño en algún pueblo español.

Parece que va a llevarse a cabo una función musical.

Me siento en primera fila. Todavía no llegan muchas personas.

Antes de que comiencen le voy a tomar una fotografía a esta placa que habla de quién construyó el teatro.

Busco mi cámara y no la encuentro, le digo a la fría que sí sabe algo de ella.

Ella mueve la cabeza negativamente.

Usa tu teléfono me dice.

Como no tengo otro remedio busco el teléfono. Encuentro uno que no es mío.

Tiene un candado o una contraseña. De quién será?

No tengo ni la más remota idea.

En el escenario llegan varias personas.

Un señor canoso y calvo de enfrente al que se le ven las ideas es el pianista. El da indicaciones de como deben de ir acomodados los instrumentos.

Por ultimo y casi al atardecer me encuentro en el recoveco de una iglesia. Es en la calle de Río Misisipi. Una mujer está conmigo me explica su deseo de bajar de la torre. Le digo que puede hacer lo que quiera, se acerca a mí, quiere recibir un abrazo, se le doy de maneras cariñosa, también le hago una caricia leve en la nalga.



Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra.
Nec spe, nec metu
8 de Febrero de 2015.
Estados Unidos Mexicanos.