miércoles, 13 de agosto de 2014

Intento de robo, llamada, pianos electrónicos.

Intento de robo, llamada, pianos electrónicos.






























Me asomo por la ventana de la sala principal. Como siempre o como casi siempre me sueño en la casa de mi abuela. Me asomo ligeramente. Esta ventana no tiene cortinas. O más bien no me acuerdo sí tenía. Lo que sí estoy seguro es que la ventana tenía unas puertas interiores que las cerrabas y nadie te podía estar espiando desde afuera.

Dos jóvenes entran por una puerta que nunca existió.

Uno de ellos mete una ganzúa y abre el candado.

Posteriormente se deslizan en silencio por el patio. Yo los vigilo, ellos no se percatan. Le digo a una mujer que marque a las emergencias y les informe que acaban de entrar dos rateros o pelafustanes.
Camino por el interior, recuerden que el piso es de duela y tengo que hacerlo también sigilosamente.

Ellos abren la puerta del cuarto en donde siempre me dormí. Al verme se sorprenden. Apuntan con una pistola. Me les voy encima forcejeamos y les quito el arma. Como yo no me ando por las ramas jalo del gatillo con la intención firme de darles un balazo. El problema es que la pistola o no traía balas o era de juguete. Al ver esto les aviento el arma por la cara y comenzamos a luchar. A leguas se notaba que estos dos eran inexpertos porque los doblegué a las primeras. A uno lo tenía con un pie en la cara y al otro le torcía el brazo.
Llegó la policía.

Les mostré a los dos ladrones. Un policía de cabellos chinos le dijo a una de sus compañeras que se los llevara y les pusiera esposas.

El tira me informó que deberían de hacer algunas pruebas físicas y químicas para determinar que era lo que deseaban robar. Pues lo que hubieran querido el caso es que se metieron a la casa sin mi anuencia. Y eso para mí es un delito. Además el hecho de haberme amenazado con un arma también lo implica. Sí señor pero debemos de tomar muestras.

En un lado del cuarto había botes de pintura vinílica, pintura de varios colores que combiné ayer porque quería darle a la pared otra vida. Las paredes estaban muertas..

El policía tomo los frascos, también tomó pedacitos de pintura descarapelada. Nunca entendí para qué.

En eso estaba cuando sonó el teléfono. Así que levanté el auricular. Era Gustavo . Me dijo que su mamá y su hermana ya estaban en el panteón reposando el sueño de los eternos. Sí está bien. Y le colgué.

En un local que parecía una cafetería había varios argentinos. Ellos tocaban varios pianos electrónicos. Tocaban una especie de música New Age. Yo estaba sentado en el suelo. La música que tocaban me gustaba y no. O no terminaba por agradarme.

Este tipo de músicos siempre andan con los exprimentos en busca de nuevas alternativas. El caso es que ya todo está escrito. Aquí nadie inventa nada. Ni los inventores. Todo está hecho. Solamente hay que encontrarlo.

Jorge toca con ellos. Me descubre sentado. Deja de tocar y se acerca, Me pregunta que sí todo bien. Sí claro todo bien.
No sé a qué viene esa pregunta. A Jorge no le veo desde hace diez años y me viene a preguntar que sí todo está bien. Creo que no tengo porque darle explicaciones. Así que me levanto. Salgo a la banqueta y veo a tres cuervos. Ellos están comiendo granos de maíz.

Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
Nec spe, nec metu
13 de agosto de 2014.
Estados Unidos Mexicanos.