lunes, 19 de mayo de 2014

Elsa Aguirre, George Busch, desfile patrio, mujer con tres niños, enseñando a leer.

Elsa Aguirre, George Busch, desfile patrio, mujer con tres niños, enseñando a leer.





























Descubro que por allá hay una escalinata. Así que me dirijo a su encuentro.

Una vez ahí busco un lugar entre toda la gente. La gente conversa y come helado.

Unas mujeres me dicen que no me vaya a ir.

¿ Porque les pregunto?

¡ Porque mire quién viene! Y me señalan a la parte alta de la escalinata.

Vestida de rosa, con un cinturón apretado, el pelo hermoso, largo hasta la cintura, zapatos de color tenue.

¡ Es Elsa Aguirre ¡

Ah sí Elsa Aguirre.

Elsa lleva un micrófono de los antiguos, de los que tenían cable. Elsa canta un bolero que termina en ojos color de miel. La canción la conozco y a Elsa también. Que hermosa es Elsa me dicen. Sí en la vida se encuentra uno con mujeres hermosas.

Me voy.

Camino por el Paseo de la Reforma. A pocos metros de dónde me encuentro veo a un señor que viste chamarra roja, pantalones beige y gorra deportiva. Se gira un momento y veo que es George Busch. Mira a este guei viene a México y se pasea como sí nada. ¿No sabrá que la ciudad es bien peligrosa?. George se acerca y me dice que vaya al desfile que no tarde en comenzar.

¿ Cual desfile?

George me mira como diciendo este mexicano ni sus propias cosas les interesan..

Pone su mano en mi hombro y me explica que camine por esta calle que va hacia abajo. Le doy las gracias y comienzo a bajar.

La calle inicia con un arco de fierro forjado en Francia. Tiene ramas y flores, algunos rostro de ángeles y muchas letras. El arco es una obra de arte. Le voy a decir a Lizbeth que no tomemos una foto en este arco. Quien sabe si quiera.

Escucho tambores , sonidos de trompetas, muchos pasos. Es más escuchó como retiembla la tierra. Veo que hay un desfile. Un soldado vestido con un uniforme antiguo me hace señas con la mano de que me haga a un lado. Me pongo de espaldas en un recoveco y pasan muchos caballos negros. Son caballos enormes, fuertes, bien briosos. Noto que no estoy en un sueño moderno, esto lo digo por las vestimentas de las personas y el mobiliario urbano. Creo que estoy en mil ochocientos y pico.


Después que pasaron los caballos viene una carreta negra. Las ruedas chocan contra las piedras, de una de sus ventanillas se abre una cortina y veo a Don Benito. Don Benito me mira y yo lo saludo.
El desfile continúa, son muchas las gentes que marchan. Ahora viene un contingente. Todos están vestidos de blanco. Descubro que encabezando este grupo viene Lizbeth Carolina. Ella trae los brazos alzados, lleva la bandera de México. Lizbeth tiene el rostro serio. Me descubre en el recoveco y le digo que allá va en su carroza Benito Juárez. Alcanzo a escuchar como si de un murmullo se tratara que me dicen sus labios: ¿Cual Juárez ?.
Lizbeth desaparece confundida entre todas las personas de blanco. Desaparece llevándose la bandera nacional.



Parece que vivo con una mujer italiana que tiene tres niños de brazos.


A mí me ponen de nervios los chillidos de los chiquillos. Le digo a la italiana que regreso luego. Necesito salir a caminar. Luego uno se ahoga en un mar de mierda.

Bajo las escaleras de este sórdido lugar. Este lugar lo odio. Y eso que es un sueño. Bueno no importa lo odio.

Se me olvidan las llaves para abrir no sé que cosa. Regreso y vuelvo a subir las escaleras de este lugar que odio. No hay puerta. Así que entro fácilmente. No tardé ni cinco minutos y esta ramera napolitana ya metió a un señor. El hombre me mira y platica cualquier cosa como para que yo no sea mal pensado. Lo que no sabe es que sí soy mal pensado. Me le acerco y le pregunto que qué es lo que hace en mi cuarto. El hombre levanta las manos como Pedro Infante y me dice que ella lo mandó traer. La napolitana lleva a los tres niños en un rebozo. Para varias los tres niños lloran.
¿Y porqué lo mandaste traer le pregunto? .

Para que me ayudara con los niños..

Dicho esto tomo las llaves y me voy. No sin antes decirle al hombre que le ayude con los escuincles.

Las italianas son bien cabronas digo yo….

Estoy en una plaza. Las gentes hacen un círculo. Yo estoy entre ellos. Un joven tiene un libro en la manos. Dice que nos va a leer. El joven balbucea. Por más que lo intenta no puede hacerlo. O no sabe leer o tiene un ataque de pánico. Le digo que lo deje para otra ocasión. El joven me entrega el ejemplar y comienzo a leerles a todos. Es un cuento corto. Cuando termino de leerlo las gentes me aplauden. Un hombre cojo y desgarbado me agradece por la lectura y me dice que no puede entender como una persona multimillonaria como yo pueda darse su tiempo y se ponga a leerle al pueblo. Nunca supe en este sueño porque se refirió a mí como multimillonario. Siendo que las riquezas materiales nunca me interesaron…





Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
Nec spe, nec metu
19 de mayo de 2014
Estados Unidos Mexicanos