TATIC...






TATIC..





Cuando se hablaba que México se había dormido el uno de enero de 1994 en el siglo XX se encontró que despertó de un largo sueño de injusticias, azotes, robos, abusos de los derechos que cualquier persona debe tener y se despertó en el siglo XIX. Aparecieron por los suelos de Chiapas, los pies de personajes de todo tipo. Los oportunistas, los ansiosos de aparecer en las notas periodísticas, el ejército por supuesto, El croquetas y muchos que se escapan de la memoria.
Dos hombres que intentaron remover las telarañas y la conciencia del sistema salieron a la escena política. Rafael Sebastián Guillén El sub comandante Marcos y Samuel Ruiz. Uno guerrillero y profesor de la UAM y el otro padrecito y fundador del Centro de los Derechos humanos Fray Bartolomé de las Casas en los Altos de Chiapas.



En cierta ocasión Rafael Sebastián fue entrevistado en Los Altos de Chiapas. A su lado seis o siete hombres cubiertos de la cara y con sendas ametralladoras respondió a cada una de las preguntas que le formuló Epigmenio Ibarra. Este le preguntó sobre el hambre en esa región de México.


La respuesta que dio el jefe del EZLN fue que el hambre está tan cabrona por acá que cuando se enferma un indígena de esta enfermedad social, se reúnen para hablar en su dialecto y se preguntan que sale más barato sí las medicinas de 75 pesos o el cajoncito pá enterrarlo. Dirimen y en su dialecto concluyen que sale más barato comprar en cajón para meterlo, echarlo a un hoyo y el que sigue.



Esta hambre de 500 años que se trae en las barrigas de cada mexicano y acompañada por supuesto de promesas incumplidas que siguen y siguen. Sin embargo la fé y la esperanza de estos hombres flacos en la desnutrición absoluta parece no sucumbir.

Samuel Ruiz comprendió esta situación y decidió seguir el rumbo que le dictaba su vocación. De padrecito se convirtió en luchador social, en intermediario del gobierno para intentar calmar la furia acumulada. Me hubiera gustado que el cura en un acto de comunión total se entregara por completo al dirimir de los autóctonos que apoyó y que les dejara la decisión de enterrarlo en su cajoncito de 50 pesos. Con esto hubiera trascendido su aportación social aún más.




Porque perecer en uno de los Hospitales más suntuosos del país El Angeles del Pedregal no me parece muy cercano a la Realidad de los indios Tzetzales de huarache.


Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra.
Nec spe, nec metu.
24 de enero de 2011.
Estados Unidos Mexicanos.

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