viernes, 21 de noviembre de 2014

Bicicletas.

Bicicletas.
































Por suerte que tienes en la vida he tenido varias experiencias con las bicicletas.

Una de las primeras que recuerdo fue aquella en dónde me gastaba el dinero que me entregaba mi madre para que lo llevara a la escuela y se lo entregara al maestro de primaria Juan Torres. Pues bien , no le entregaba nada y me lo gastaba en rentar una bicicleta vieja.

Esa tarde me fui de pinta con otros chavales y rentamos cada quien la bicla que nos gusto. Cabe decir que en esos tiempos anteriores apenas hacia mis pininos en este aparato.

Tomamos las calles de tierra y nos arrojamos como sí fueramos pájaros puestos en libertad. Despues que se nos terminó la hora de renta me tomé el atrevimiento de hacer unos veinte minutos más. Dinero traía. Así que me fui solo, le dí a los pedales con fuerza y llegué al destino que era un árbol.

Descanse un momento las piernas flaquitas y me regresé de nuevo a la misma velocidad.

En una vuelta metí el freno bruscamente, las gomas saltaron y me fui a dar un santo cocolazo en un poste de cemento gris.

La bicicleta quedó por allá y yo quedé por acá.

Debo aclarar que no me dolían los grandes raspones que me metí en rodillas y codos, lo que me angustiaba era que la bicicleta hubiera quedado inútil

Tomé los fierros en mis manos y así arrastrándo este esqueleto llegué a dónde la había rentado.

El señor miró su bici y me dijo que se la tenía que pagar. Esto lo hice por más de seis meses. Cada semana le llevaba un abono hasta que liquidé mi deuda pero contraje otra.


Otra de las experiencias que recuerdo fue cuando en una construcción por Tlalpan un señor que era carpintero llegaba siempre en su bicicleta.Era una bici perfecta, recuerdo que me la prestaba y me subía, sónaba el ring ring, y me daba mis vueltas de vez en cuando.


Pero el caso que ahora me ocupa es que anoche 20 de Noviembre me hallaba en una avenida. Eran más o menos las siete u ocho.

De pronto ví la luz blanca de una bicicleta . Una bicicleta que se conducía sola. Es decir no traía a nadie como pasajero. Cuando la miré venía lento pero a medida que se acercaba se volvió veloz.

Al pasar junto a mí me subí lo más rápido que pude, los pedales se movían con fuerza e intenté colocar los pies antes que que golpeara con ellos.

Dos cuadras más tarde, dos o tres borrachos se colocaron sobre la avenida a manera de que me detuviera, no lo hice. Y no lo hice no porque yo quisiera sino porque la bicicleta se conducía sola. Yo solo iba trepado.

Los borrachos manotearon, gritaban enojados pero no me detuve.

Bajé por una curva, la bicicleta me llevó por Insurgentes Norte, pude ver un monumento iluminado y a muchas personas que miraba mi paso.



La bicicleta resplandeció. Era una bicicleta de luz. Pasaba como ráfaga, las personas me saludaban. Yo por mi parte con la mano derecha agradecía agitándo la mano de manera boba tal y como lo hacen las señoritas en los concursos….


Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
Nec spe, nec metu
21 de Noviembre de 2014.
Estados Unidos Mexicanos.