VOLKSWAGEN ROJO Y OTRO AMARILLO, ESCALINATA, OBRA DE TEATRO , GENTE SENTADA..

VOLKSWAGEN ROJO Y OTRO AMARILLO, ESCALINATA, OBRA DE TEATRO , GENTE SENTADA..




Intenta estacionarse en una calle que tiene tezontle. El medio ambiente es cálido y hay un bosque que a su vez es atravesado por una carretera en curva. Apaga el motor y desciende. Enfrente de usted hay otro carro de la misma marca. Son vehículos de los años 70. Se acerca al carro amarillo o crema y descubre que en su interior reposa un abrigo de mujer. Da una mirada y descubre que el auto lleva el botón está arriba.








La primera intención o idea que viene a su cerebro es robarse la prenda. Pero al acusarlo su conciencia y además de que no es ladrón solamente lo saca para colocarlo encima del cofre. Luego le pasa la mano y comprueba que es una prenda de lana fina. Al pasar los dedos por una de las bolsas, se percata que hay dinero.


En una lucha entre la honradez y el diablo introduce la mano y siente dinero. Al fin y al cabo todos andan como perros por el dinero o la fortuna. Qué más da se dice. La ambición lo traiciona y mete la mano para sentir los papeles valiosos y las monedas.



Esta tan ensimismado que no se de cuenta que muy cerca viene una mujer rubia de 24 años. Ella se llama Claudia Monterde, nació el 22 de junio de 1922 en México D.F, era actriz y cometió suicidio al ingerir medicinas en exceso. Usted la conoció cuando representaba la obra de Teatro Juegos Fatuos en 1972.

Pasaba con una mascada en el pelo y le saludaba. Como está guerito bilioso, le decía. Luego la miraba en escena en un comportamiento magistral. Asi era Claudia o María Douglas….







Le pregunta la razón por la que lleva su abrigo. Su mente elabora una historia rápida. Le dice que se estacionó hace un momento y que vió su carro abierto. Que solo intentaba colocar la prenda en el interior. María inicia una averiguación sobre sus cosas, abre puertas y cierra otras , busca objetos y por suerte todos están.

A usted solamente le interesaba el dinero. Le dice que los que intentaron robar estaban a punto cuando usted llegó. Posiblemente bajaron por allá al mismo tiempo que le señala la ruta de escape de unos ladrones imaginarios.


María se sube convencida que no le falta nada mas. Usted hace lo mismo y le pregunta la manera de llegar a Dios. Ella le señala una callecita que bien podría ser Taxco. Le indica con su dedo y su uña pintada que vaya por esa esquina y que luego doble a la izquierda.

Asi va en su carro cuando por un costado le sale un Buick de los 50, el que conduce le pega y no sabe si es intencional o nó.


Quiere bajarse y reclamarle su proceder pero al ver en el interior del vehículo descubre que viajan cuatro negros con el pelo a la afro, parecen cantantes de baladas bobas. Olvida el asunto y llega a donde le dijo María. Enfrente de usted hay una escalinata parecida a aquella que alguna vez subió en un poblado llamado Buenavista de Cuéllar. Enfila el carrito por los escalones, y sube y sube. Por los lados las personas muestran caras de disgusto, ese es un paso para pies y no para llantas. No les hace caso y sube y sube hasta llegar al punto en donde es más empinado.


Pasa a un patio reducido. Una vez ahí le pregunta a un aborigen si es el lugar correcto. Este también con su dedo le indica un establecimiento. Desciende del carrito y penetra. Un hombre lo detiene le dice que debe de pagar su boleto. Le dice que primero debe de ver lo que ocurre. El hombre de los boletos le cede el paso. Abre una cortina y mira un escenario. Ahí unos hombres cubiertos de sus caras con plásticos hacen sonidos guturales, parecen changos. En medio de estos un Jesús Cristo crucificado baila con ellos, se puede ver la cruz que da saltitos.


Esto no le agrada y tampoco le impresiona así que sale para dirigirse a un salón en donde un grupo de personas que parecen judíos cantan sing song yiddish, música rara. Una de ellas la más dispuesta le pregunta porque no canta. Alza los hombros para decirle que no se las sabe y que además no les entiende.


Se aleja para sentarse en la silla colocada casi al último. Ahí su tío Eduardo le da de comer a un gato amarillo. Este se encuentra recostado boca arriba. Lo mira y entre el pelo le aparece una bolita negra que primero piensa que es una pulga , pero nó. Es una bolita electrónica que él mismo gato produce. Estas bolitas negras son recolectadas y después vendidas en el mercado.

Sale del lugar y escucha el sonido estrepitoso de una mujer cagando, eso a pesar de que el baño está cerrado. Luego cesan los sonidos y sale una mujer vestida de negro muy pintarrajeada y sin pena alguna porque usted haya escuchado los estruendos de sus pedos…


Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra.
Nec spe, nec metu.
06 de febrero de 2011.
Estados Unidos mexicanos.

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