HOMBRE CARGANDO NIÑO, LIBROS.SAM PEKIMPAH




HOMBRE CARGANDO NIÑO, LIBROS.





Usted se encuentra este domingo seis pasado trepado en un omnibús. Este hace su recorrido hundido en los sonidos de una cumbia. De lado derecho atrás de su cabeza viaja un niño que hasta hace un momento no había visto nunca. De lado derecho viaja el papá de ese niño. Es un hombrecito delgado, flaquito de hambre. Se le puede ver las mejillas hundidas, el pelo hirsuto, negro, sin aseo. Es notable los estragos que puede hacer el hambre en el hombre.



Al cruzar por las canchas de fut bol americano en donde juegan los politécnicos El hombrecito, le pregunta las señas de un hospital para niños quemados. Lo mira , luego acomoda sus ideas para contestarle. Le dice que debe de bajarse en una Avenida llamada San Cosme. Una vez ahí debe de tomar un camión que lo traslade a otra de nombre Legaria. El delgadito le dice en un español temeroso que ¿ cómo cuantas cuadras hay de ese lugar hasta el hospital ?. Uta nó, son como un chinguero. Hay además un ansia en donde le comenta que no tiene para el camión y que se llevará a su hijo cargando a la espalda. Es un deber decir que el niño debe de pesar como 25 kilos, el hombre no más de 45. Al ver la escena del hambre, recurre a su bolsillo y extrae los importes de ida y vuelta. Una mujer, mira la escena y de igual forma saca algunas monedas y otro más que se compadece de las agitaciones y de las angustias de un padre.



Al llegar a la Avenida del santo Cosme, el hombrecito se echa a la espalda a su hijo y comienza a caminar. Si tiene suerte su trayecto lo hará en una hora, sino en más.



Al desaparecer usted se acuerda otra vez de los importantes recursos que dicen se aportan o destinan para que ningún mexicano carezca de los servicios básicos de salud. La misma burla sistemática y consecutiva.



Puede encender la televisión y aparecerán personas vestidas de blanco que se muestran sonrientes, con miradas hasta afectivas. La realidad del hombrecito es otra, ir de un hospital a otro sufriendo el peso corporal de su hijo y sumido en una realidad diferente a los anuncios y distinta a la que dicen los secretarios de salud local y federal.








Luego se encuentra metido en el problema de una mujer al que le matan a su hijo en una pelea del lejano Oeste y ver las viscisitudes que se le presentan para llevar a enterrar a su hijo en un pueblo fantasma bajo el cielo nítido, azul y atrapado magistralmente por la cámara de Sam Pekimpah .


Un sargento de la Unión Brian Keith convence a un prófugo para organizar un asalto a un banco. Durante el atraco aparece otro grupo de ladrones con los que se enfrentan. En medio de un terrible tiroteo resulta muerto un chico de nueve años.Afectados por esta muerte, los dos bandidos deciden acompañar a la madre del chico, Kit Tilden o Maureen O ‘ Hara que quiere enterrar al hijo junto a su padre en un poblado fantasma llamado Siringo una lejana ciudad localizada en territorio Apache.

Usted decide ocultarse en el mundo de los somnis.
Hay una excavación en donde parece van a meter drenaje. Esto lo sabe porque ve a su alrededor tubos, maquinarias y hombres trabajando. En medio de ese desorden de tierra y materiales. Unos señores miran libros, leen sus portadas y de acuerdo a lo que entienden lo arrojan al agujero para después llevárselos.

Abajo está Eduardo, su tío. El mira con incredulidad a donde fue a parar su tesoro. Estos piensa lo llevarán a una librería de objetos viejos. Ahí llegará quien sabe quién, pagara una mínima parte de lo que a él le costaron. Quiza les importe. Otro lo miran y por ser un artículo descontinuado quedará para siempre en un estante.
Usted pretende pagar por la mayoría pero los hombres hacen señas de que a nadie se los venderán. Ya no hace intentos y le dice a su tío que no se pudo.
Original de Alfredo Arrieta
Para el pueblodetierra.
Nec spe, nec metu.
08 de febrero de 2011.
Estados Unidos Mexicanos.

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