COLUMPIOS.




COLUMPIOS



Es esta la primera ocasión que me encuentro en este tipo de sueño:
Hay en enorme árbol de quebracho. No sé qué persona lo plantó o cual fue su propósito para colocar este columpio. Si consideramos que el gasto que debió haber hecho es desproporcionado y considerando a como se encuentra el tipo de cambio. Yo le calculo que se gasto bien a bien como unos dos mil dólares. Y si a esto le agregas el trabajo de instalarlo, pues estamos hablando de palabras mayores.


Parece ser a no le importó el gasto desmedido de plantar el árbol y comprar los implementos. Lo que él queria era que yo me trepara y por supuesto que me subiera. Lo encontré como a dos kilómetros de Santiago del Estero. Primero vi, una bandada de pájaros que seguían a otros, luego ladró un perro, y un hombre solitario me señaló el árbol. Sin decir palabras lo miré por largo rato. Luego recordando pasajes de mi infancia decidí subirme. Primero fui despacio como para medir su resistencia al aire. Luego con la confianza, decidí darle más y más fuerza. Mis pies se balanceaban, subía y subía. El cielo se acercaba y desde luego también las nubes. Al encontrarme en lo máximo , una mujer, en otro columpio que me encontraba de frente también hacia lo propio. Se acercaba y con sus labios rojos intentaba darme un beso. Era un beso instantáneo, no duraba más que el toque de un segundo. La verdad no recuerdo si aún contaba con 17 años o era ya un labregón malicioso.

Es que en el sueño no lo podía ver. Pero de lo que si estaba seguro era que me entraba un deseo de tocarla.

Esto no era posible porque la mujer era una ilusión, un espejo de los muchos que intentamos comprar, pero nunca tenemos dinero, ni suerte alguna.

Cansado de tal experiencia decidí no mover más las piernas y el columpio comenzó a perder velocidad. Hasta quedar fijo, en un punto, inmóvil. Bajé para llegar hasta un escenario en donde pude ver a Federico García representar una obra de teatro.
Paso un actor que nadie conocía y lo comparó con un frasco de Nescafé , luego le dijo que se quitara las ropas, se dirigió a una llave y curiosamente en lugar de agua salían granos de café. Esto me recordó aquella canción de Juan Luis que solicitaba que lloviera café en los campos.

Dejé la observación y llegué a la casa de mi abuela. Esta casa era distinta a cómo la conoci en 1970. Había una mesa con viandas de todos tipos, incluso jamones y vinos de los mejores de España. El caso es que llegué tarde. Eso lo sé porque mi abuela miró un reloj de péndulo y con sus ojos me lanzó un regaño. Luego me dijo que me sentara y comiera lo que quisiera. Mira me dijo hicimos hasta capirotada. Tu tía trajo chorizos, y un sobrino que no conoces me trajo queso Tipo manchego para mi café con leche.

Cuando acabó el festín o comelitón se me acercó una señora y me dijo en forma imperativa que tenia que limpiar la mesa. Sin poner objeciones comencé a levantar los platos sucios, los vasos con restos de vino.

En la calle un hombre tocaba un acordeón. Podía percibir que era una polca lo que tocaba. M e senté a escucharlo, el hombre no se intimidó por mi presencia, le gustaba tener espectadores….

Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
02 de Abril de 2010.
Nec spe, nec metu
Estados Unidos Mexicanos.

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