jueves, 5 de mayo de 2016

Jorge Saldaña entra a una alcantarilla acciona un control y se rie,demonios que me persiguen,niño con saco gris,grabados de Alfonso Reyes,les comento a dos mujeres una anécdota,botelllitas de alcohol rotas,museo de mármol, colgando mis calzones, botellas vacias, Martha habla a una tienda, debe cuarenta mil.

Jorge Saldaña entra a una alcantarilla acciona un control y se rie,demonios que me persiguen,niño con saco gris,grabados de Alfonso Reyes,les comento a dos mujeres una anécdota,botelllitas de alcohol rotas,museo de mármol, colgando mis calzones, botellas vacias, Martha habla a una tienda, debe cuarenta mil.



































Jorge camina por esta calle . La calle está soleada. Me saluda, luego se detiene en un registro telefónico, me dice que va a saludar a los diablos rojos.


A los beisbolistas?

No a los verdaderos diablos¡

Jorge se ríe, acciona un control de rayos laser, el registro se abre, Jorge entra, la pequeña puerta se cierra.

No sí si son los mismo demonios pero ahora me los topo, los demonios vuelan, se sostienen en el aire. Me miran, tienen los ojos inyectados de odio. Me hablan pero no les entiendo ni jota. Su lenguaje es una especie de árabe mezclado con hebreo y chino.

Se sostienen el el aire. Traspasan una pared de lado a lado. La vuelven a cruzar, me amenazan con sus trinches.

Los demonios se esfuman en medio de una nube de humo verde.

Este niño trae un saco gris. Le queda chico.

Le digo al niño que su saco ya encogió.

Sí me lo compraron mis papás en año ante pasado.

Ni como sacarle algo, ya no tiene tela.

El niño asoma las manos. El saco le queda chico.

En este sillón hay varios grabados con el rostro de Alfonso Reyes.
Son de color rojizo violeta.
Dos mujeres sentadas los miran.
Les cuento una anécdota.
Una de ellas me dice que le parece bobo el chiste.

No es un chiste es una anécdota. Y le pasó a Neruda.

La mujer hace una cara de fastidio.

Entra Eduardo.

Le dice un poema a la otra mujer. Se hace el simpático. Creo que Eduardo le quiere atorar. A mí no me interesa. Salgo y me retiro.

Un hombre deja varias cajas con botellitas de alcohol.

Habrá una fiesta.

Tomo las cajas. Veo que las botellitas están abiertas, el alcohol se derrama.

Las coloco en el suelo, se quedaron con el líquido a medias. Las botellas no estaban bien tapadas por eso se derramaron.

Entro a un museo. El museo es de mármol. Parece que no lo barren. En el suelo hay muchas hojas de árbol. No hay a quien decirle.

Decían que anteriormente a este museo iban los novios a besarse, cuando era una casa y estaba abandonada.

Esto me recordó mis tiempos.

Una mujer que está plenamente sentada me pregunta que sí ya colgué mis calzones?

No, no los he colgado.

Todos los que vienen al museo de mármol deben de colgar sus calzones.

Y eso?

Atrae la buena suerte en el amor, y en la fortuna.

Esta bien.

Salgo de prisa, compro unos calzones de tigre.

Me causan risa porque los calzones tienen un descanso para los huevos como sí en verdad los tuviera tan grandes. Soy de pito extremo sí pero no tan grande, ja, ja.

Regreso al museo.

La mujer me dice que los cuelgue en ese vidrio.Que los cuelgue y les ponga mi nombre.

Le digo que sí le meto un clavo para colgarlos el vidrio se romperá?

Sí claro , no seas wuey Alfredo. Los calzones pégalos con masking tape. Asi resisten.

Cuelgo los calzones.

Afuera la gente está formada a la espera de ver la muestra de prendas masculinas. Un joven ve mis calzones de tigre colgados y no hace menos que reírse.

Eduardo me pregunta que sí yo uso calzones de tigre?

No esos los acabo de comprar para quedar bien .

Yo uso solamente calzones de color blanco.

No te imagino con calzones de tigre y con tus patitas de chichicuilotito.

Llevo las botellitas vacías a una miscelánea.

Las dejo junto a otras botellas grandes.

Entra el dueño de la tienda. Este tipo tiene cara de ser bien mamón.

Le digo sobre la botellas. Que regreso después por ellas. No me hace caso. Acude a contestar el teléfono.

Es Martha. Martha le dice que ya mero le junta los cuarenta mil pesos que le debe.


Esta bien señora pero no se tarde. Me urge el dinero.

Le digo a Eduardo que cuarenta mil pesos es mucho dinero.

Esta mujer le gusta endeudarse.

A ti te pidió algo?

Sí ya me habló pero le dije que no tenía porque hice un gasto extraordinario, que tuve que comprar unos calzones de tigre y que por esa razón no podía prestarle.





Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
Nec spe, nec metu
1 de Mayo de 2016.
Estados Unidos Mexicanos.