lunes, 7 de marzo de 2016

Gato que se va por el remolino, niña que cae por una resbaladilla, la fría desnuda se pone crema un enano la mira, sin casa, tortugas en un lago, piedras y carros que arrastra un río,cataclismo en Roma, rusas que me impiden entrar para salvarme,carrito con cosas, niño insolente,orines de plata.

Gato que se va por el remolino, niña que cae por una resbaladilla, la fría desnuda se pone crema un enano la mira, sin casa, tortugas en un lago, piedras y carros que arrastra un río,cataclismo en Roma, rusas que me impiden entrar para salvarme,carrito con cosas, niño insolente,orines de plata.





































Este gato ya llegó a su fin.

Se le ocurrió subirse a ese fregadero. El fregadero mide más de siete metros. Algo lo llevó a este lugar. Se hace un remolino, el gato comienza a girar y a girar hasta que desaparece. El remolino se lo trago.

Le digo a esta niña que no camine hacia alla¡

La niña no obedece y continua su camino.

En medio hay una costalera. Corro porque sé del peligro. Salto. La niña cae por una resbaladilla y se va a un abismo negro negro.



La fría está desnuda. Se pone crema. Un enano de pie y también encuerado está de espalda. La piel de este está rallada, repleta de cicatrices.

Descubre a la fría, la mira con ojos lujuriosos. Saca la lengua y pela los ojos. Me dice que le despertó el instinto y las ganas.

Le meto un golpe en su coco pelón, el enano simula que arregla una ropa. Se agacha con el propósito de que le veamos el cicirisco y sus enormes huevotes. Que enano tan particular. Este es repulsivo.

La fría ni se inmuta, sigue en su tarea de untarse crema.

Ahora no tengo casa y sí tengo un sinfín de objetos que guardar. Corro por Flores Magón con la esperanza de que algunos conocidos me presten un cuarto para guardar todo lo que tengo de pertenecías terrenales. Me quedé sin casa no sé porque.

En mi carrera me encuentro con Belén. Esta me pregunta a gritos que sí pude salvara a la niña?

No la niña se fue por la resbaladilla.

Y murió?

No sé también le grito.

Cuantas tortugas hay en este lago. La fría dice que necesita salvar a una de ellas. Dejala que se vaya.

Esta tortuga no sabe valerse por ella misma.

Y como lo sabes?

Porque se lo veo en la cara.

Las tortugas no tiene expresión.

Esta sí. La fría la deposita en el agua, la tortuga hace intentos por nadar, no sabe hacerlo. La fría la saca del agua.

Este río es de una energía considerable. Viene con tanta fuerza que arrastra todo lo que encuentra. Por ejemplo estas piedras enormes. También arrastra vehículos. El río se desborda y arrastra casas y sembradíos. Se lleva todo.

Como sí esto fuera poco me encuentro en la ciudad de Roma. Son más o menos las tres de la tarde. De pronto se escucha un estruendo magnífico, los edificios se colapsan, veo con claridad como se resquebrajan las iglesias todo.


Debo ponerme a salvo. Corro por estas escaleras abajo, descubro que no hay salida una puerta de hierro pintada de negro me lo impide. En cada ala hay dos caras con la medusa.

Busco otra manera de evadirme.

Hay una puerta, entro. Penetro a un cuarto. En el cuarto tenemos un altar con santos que nunca había visto y con flores extrañas para mi.

De una cortina salen tres mujeres rusas, ellas van ataviadas con vestidos folklóricos, intento decirles que hay un temblor mayúsculo, pero las rusas con sus manos me dicen que me vaya. A estas viejas no les importa que yo fenezca ni modo. Salgo.

Hay una manera de pasar por esta otra puerta. La puerta está en Merced Gómez.

Es la misma que utilizábamos para salir a jugar. Ahora quiero evitarla. Enfrente tengo un carrito descubierto o descapotado. La fría lleva en sus manos abrigos, vestidos, bolsas y zapatos. Los pone en la parte trasera. Le digo que no sea tan ilusa que cuando regresemos las cosas ya no estarán se las habrán robado. Es lo que hay.

Intento llegar al carrito un chamaco insolente se detiene inmprudentemente a mi paso. Le digo que se haga a un lado. El chamaco me grita pendejo¡.

Le respondo igual , lo dejo callado.

Hay un plástico como ese donde ponen las jeringas. Es largo mide como un metro. Tiene por el borde de afuera mediciones como las que les ponen a las reglas.

En la parte de arriba tiene un agujero. Decido que debo de mear y me orino. El estuche o envase se va llenando. Se acerca un tipo. Este me dice que es afortunado y revisa mis orines. Y que tanto les miras?
Es que sus orines señor al pasar por aquí se convierten en granitos de plata.

En serio?

Se vuelven plata?

Sí.

Entonces la plata es mía?

Debemos de llegar a un acuerdo.

Sí los orines son míos me debe de tocar más plata no crees?

Bueno sí pero el estuche que la convierte es de mi propiedad.

Entonces que tal si quedamos mitad y mitad.

Oh me parece perfecto. Y nos volvemos socios.



Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra.
Nec spe, nec metu
7de Marzo de 2016.
Estados Unidos Mexicanos.