El swing guitarrístico y poético para un tiempo sin urgencias "Vamos bien". Es el reciente lanzamiento discográfico de Roberto Darvin


Roberto Darvin


El swing guitarrístico y poético para un tiempo sin urgencias
"Vamos bien". Es el reciente lanzamiento discográfico de Roberto Darvin

ALEXANDER LALUZ




Semanas atrás y con puntualidad británica, Darvin llegó a la redacción para hablar de la intimidad y el sentido del decir poético en su último trabajo discográfico: Vamos bien (Ayuí, 2009).

Sus palabras, paridas en ese aplomo que da la experiencia, no cayeron en el ejercicio previsible de arropar con misterio y alambicadas filosofías el hecho creativo. En ese hecho, sabe él, no hay más que el placer del encuentro oportuno entre la poesía y el sonido: ese mundo lírico del que la canción es hija y eterna tributaria. Entonces, ¿por qué agregarle algo más? Está claro: si ese encuentro funciona, no se necesitan argumentaciones. La escucha es en esto, totalmente autosuficiente.

Por esa razón no habla demasiado. No argumenta con florido discurso. Simplemente cuenta algunas experiencias en su refugio de la costa canaria, las dunas, la pesca, la guitarra que acompañó la gestación de una canción, los amigos que se arrimaron al estudio de grabación. De ese acervo vivencial, -que como él mismo dice: está alejado del boato del "star system"- fue que salió este flamante disco con 11 canciones, que está justamente a contrapelo de cualquier urgencia.

Su carácter absolutamente acústico, subraya Darvin, está alineado con su concepción de la canción popular. Un territorio que, evidentemente, está cruzado por tradiciones y formas no tan "tecnológicas" de tamizar la modernidad. Allí, entonces, quedaron el verso y la música dispuestos en un cuerpo simbólico directo, entrañable. Así fue hace varias décadas atrás cuando se incrustaron en el cancionero popular los títulos de Jacinto Vera, Canoero, Barlovento. Y hoy la historia tiene al Milongón del Guruyú y su "llevada" candombera en la percusión (a cargo de "Pitufo" Lombardo) y el bajo, el contrapunto guitarrístico de lucida factura, en una pintura costumbrista de paisajes plenamente reconocibles. También la joyita Banderas y estandartes, donde el homenaje a los símbolos del candombe entreteje una complejísima polarización tímbrica entre el piano y la guitarra. Y aquí vale una recomendación: dedicar un tiempo para escuchar atentamente un solo pianístico que Hugo Fattoruso lleva por atmósferas muy imaginativas, y que arma un juego con mucho swing al oponerse al intrincado movimiento interno de los acordes en la guitarra. Una pequeña joya.

Otra canción para sumar: Ni tú ni yo, para la que patrón percusivo y la guitarra sostienen una performance vocal de gesto íntimo, pequeño y oscura "tropicalidad" (mundo musical y simbólico que Darvin conoce muy bien). ¿Hay lugar para más? Entonces, va El sueño del milongón, El ensayo. Dos canciones en las que el virtuosístico de la guitarra darviniana ensambla un delicado juego con el toque de púa de Toto Méndez.

Entonces, a este tiempo musical sin urgencias le queda (o debería quedar) como devolución una escucha sin demandas de apuros y novedades. Está claro: la recepción en clave sensible.


El País digital.

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