Daniel Viglietti.











Anoche me tomó por sorpresa el fallecimiento del apreciado cantor de la república Oriental del Uruguay Daniel Viglietti.
Así que tomo un cigarrillo, lo enciendo y evoco.

Serían las once de la mañana en la ciudad de México.

Hablé con un señor en Coyoacán. Este me conversaba que conoció al presidente de aquel entonces Miguel de Lamadrid Hurtado. Y que tenía prisa porque iría a un retiro espiritual en Morelos.
Así que me dirigí a Miguel Angel de Quevedo.

En una esquina estaba parado un señor de boina, abrigo café. Lo acompañaba una mujer joven como de unos treinta y cinco años a lo más.


Conforme me fui acercando a la pareja descubrí que era el compositor Oriental.

Así que puse a trabajar mi cerebro. Con Viglietti había que hablar de temas sustanciales, de temas importantes.

La mujer me preguntó que sí me gustaba la música folklórica.

Sí claro le dije.

Esta por ejemplo es música del estado de Veracruz.

Luego les dí una plática extensa, minuciosa pero extensa de lo que es la canción popular.

Viglietti me escudriñaba como intentando descubrir quién chingados era yo.

Les hablé de la canción laltinoamericana. Les dije con aplomo que la música de América no se entendería sin la presencia y el canto de Alfredo Zitarrosa, Atahualpa Yupanqui, Roberto Darvin.Y por supuesto del latinoamericano de Barcelona Joan Manuel Serrat.

Luego lo miré fijo y le dije. Para ser francos señor usted tiene un aire parecido al compositor uruguayo Daniel Viglietti.
Viglietti aguzó los ojos y me dijo.

Yo soy Daniel.

Y yo soy Alfredo.

Pués muchos gusto Daniel,mucho gusto señorita les dije.

Seguimos conversando por largo rato.

Daniel me aseguraba que nunca había encontrado a una persona que sabía todo.

Le recordé alguna poesía de García Lorca.

Me miré en tus ojos adelfa blanca.

Claro Lorca, siempre Lorca.

También me acordé de cuando lo conocí en aquellos lejanos años setenta.

Cuando por una indisposición de calentura me obligó a austentarme de mi trabajo y darle mi lugar de laburo a mi hermano Andrés.

Ese fue un texto que yo escribí en aquellos años idos.

Más tarde nos encontramos en la Plaza de San Jacinto en San Angel.

Daniel y la señorita se despidieron de mi persona.Caminaron rumbo a la plaza y ya no los volví a ver.

Pero me quedó la seguridad de que los tres quedamos reconfortados con la charla impecable y que tuvo proceder en esa mañana que anunciaba lluvia y el sol no pretendía quitarse las chinguiñas.

Hasta siempre Daniel.

Nos dijiste al final de tu partida.
Debemos ser honrados hasta el fin.




Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
Nec Spe, Nec metu
Estados Unidos Mexicanos.
31 de octubre de 2017.


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