CASA ABANDONADA,CARBAJAL, CUCHILLOS.
Daban las cinco de la mañana. Voy en un autobús. Por
afuera las luces del alumbrado público van indicando que ya llegamos. Me
levanto. En los camiones no se puede dormir. Miro y me
digo que las ciudades son las tumbas de las personas. Todo es lío, nadie se
quiere, y todo tiene un precio. Pinches buitres.
No sé bien a dónde llegar. La
casa de mi madre está bastante lejos y ahora que se ha muerto pués más….
Pienso que debo de regresar a la
casa de mi abuela.
El camión se detiene , espero a
que todos bajen para no tropezarnos.
Tomo mi maleta que contiene pocas
cosas. Para qué cargar de más…
Después de otra hora de traslado
le digo al chato que es un camión con frenos de aire que me quedó en la esquina
del Charco azul. El conductor ni me escucha pero se detiene.
Todavía conservo las llaves de la
entrada y eso que han pasado más de 30 años…
Recuerdo que mi hermano cuando
las perdía se trepaba y de dos patadas y un salto entraba.
La casa de mis recuerdos ya no
está. Los macetones y los árboles del Pirul sepa Dios.
Ni tampoco los olores de los frijoles recientes, ni las salsas que
preparaba Camerina.
Ahora la casa está abandonada,
solo los fantasmas de esos tiempos deambulan por ahí.
Tomo un pedazo de periódico y lo
hago antorcha, voy como en los tiempos de las cavernas alumbrando.
Para estar seguro de que no se ha
metido algún vago hijo de puta recorro todas las habitaciones. Veo a mi abuela
dormida, se acaba de bañar . No la interrumpo. Si lo hago cuando me vea se
levantará de mal genio.
Tampoco hay luz. Ya vez que los
eficientes cuando no la pagas de inmediato te la cortan. En esta casa se han
acumulado los recibos de las deudas. Ni modo que las pague un muerto.
Eduardo toca la guitarra, hace
como que me ve pero no me mira. El está interesado en su canción y en su puto
perro salchicha.
Todo esta´oscuro, triste y gris.
Los cielos razos se están cayendo a pedazos. Al caminar por las duelas presientes
que te irás para abajo. Abres tu cuarto. Ahí está quieto, con su ventana que nunca
arreglé. Solo le puse unas maderas. Un vidrio está roto. En el suelo descubro
la fotografía de mi abuelo recibiendo un diploma.
Solo se perciben sombras
provocadas por la luz de los pocos automóviles de la madrugada.
Miro el pasillo, el lugar en
donde muchas veces me sente a tocar la lira. Aún recuerdo mis pantalones
azules, mi camisa y el corte de pelo. Por Dios; cómo ha pasado el tiempo. Ahora
solo yo. Todos están en el valle de las calacas.
Mi abuela en Durango.En el
cementerio .
La última vez que la mire tenía
la vista cansada.El semblante triste. Y como nó. Si le faltaban pocos días para
morir.
Esa mañana de 1972 entré a este mismo cuarto. Le
dije que me iba a la escuela. Me miró y
se limitó a decirme que cuidara sus plantas. Que les echara su agua porque las
plantas beben. Ahora las miro a estas ingratas, secas, sin ninguna alma tímida
que les ampare.
Mi abuela estaba sentada en esta
misma cama. La cabecera es de color crema y violeta. Yo mismo la pinté en mis tiempos de muchacho. Ahora me acuesto. Como es de madrugada siento algo
de frío. No hay cobijas sobre las camas. Están desnudas.
Recuerdo que en la sala, donde
teníamos el piano que mi abuelo trajo de
Nueva York había un tapete que yo también tenía. Cruce hasta allí con mi
antorcha. El tapete estaba arrojado en
una esquina. Le dí tremenda sacudida. El polvo provocó una especie de luz que
titilaba y hasta rayos propició.
Regresé hasta la cama encuerada y
me tape hasta las orejas. Nunca me ha gustado dormir con las orejas destapadas.
Antes de conciliar el sueño saqué mi mano. De pronto recordé que tengo un
miedo: Nunca debo de bajar la mano cuando esté acostado. Siempre debajo de la
cama hay una mano que te agarra.
Debe de ser algún diablo que
imagino.
Pero esto no viene de ahora.
Una vez en esta misma casa pero
en el cuarto de allá entró un hombre con
zapatos cafés de esos que le llamaban Bostonianos. En el pasillo y por afuera
caía un aguacero tremendo. El hombre entró empapado. Yo pensé en una primera
instancia que llegaba mi papá. Así que
le agarré los tobillos. El cabrón que entró al verse descubierto salió como
pedo de bombero. Nunca supe quién fue. ¿Y porque entró a mi casa?. Ni modo que
fuera un amante de mi abuela, no mames, ella tenía ochenta y dos años…
Me tape hasta las orejas cuando
de pronto saltó encima de mí una rata vil Eso
fue intolerable así que salté yo también.
Busqué un garrote pero no
encontré ninguno. Así que le aventé la
antorcha. Puta que feo es esto ; oscuro, desolado y con ratas… Por Dios…..
Algunos años después de que mi
abuela falleció le dije a Carbajal que se fuera a vivir a Mixcoac. La casa
estaba sola pero eso a vivir en la calle como que mola más..
Le dije que había camas y que se
trajera sus tiliches.
De esos han pasado un chingero de
años.
Anoche soñé a Carbajal.
Le dije al guei que tenía que
irse de aquí porque mi abuela vino a decirme que no quería a nadie viviendo en
su casa. Pero quete quita abuela. Es solo una estudiante que no tiene a dónde
vivir.
Dije que no. Y no es no..
Así que lo siento mi apreciable
Carbajal. Toma de nuevo tus tiliches y búscate otro sitio.
Entonces fue que entró en
escena la fría. Ella estaba sentada en
un escalón. Carbajal acudió a ella como única salvación. La fría manoteaba y decía que sí fue determinación de
la abuela. Y ni modos.
Más tarde y ya de tarde salí como
a las cuatro. Dos hombres luchaban cuerpo a cuerpo.Los dos traían cuchillo, sus
manos se sujetaban con fuerzas a los
fierros. Los dos se tenían ganas y peleaban por dinero….
Dejé que se matarán amablemente.
Pá que me meto. Sí estos dos son gallos.
Así que me senté en la acera y
pude ver como se enterraban los puñales y se cortaban sus pieles. Y pude ver
como les salían chorros de hemoglobina.
Original de Alfredo Arrieta
Para elpueblodetierra
Nec spe, nec metu
03 de mayo de 2012.
Estados Unidos Mexicanos.

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