MIL URUGUAYOS DEAMBULAN POR MONTEVIDEO



MIL URUGUAYOS DEAMBULAN POR MONTEVIDEO

Sujetos a la calle
Se los llama crónicos y estructurales, pernoctan al aire libre pese a sensaciones térmicas bajo cero. Se niegan a ir a refugios y conocen las reglas para sobrevivir en la selva de cemento con libertad, algo de dinero y comida. Existen diferentes perfiles, los hay psiquiátricos, adictos, desempleados momentáneos, viejos sin posibilidades, nuevos pobres. Algunos se muestran satisfechos con esa situación, otros están furiosos con los gobiernos y la sociedad en su conjunto.


MAGDALENA HERRERA | M. INÉS LORENZO

"Cuanto más conozco al hombre, más amo a los perros", reflexiona Sataní, rodeado de cinco canes con los cuales comparte el pan. Desde ese espacio donde eligió vivir hace más de quince años, en la plaza frente al Cementerio Central, mira de reojo esperando alguna reacción a sus palabras. Y sigue: "el dinero y el oro son una trampa para el hombre. He visto como por apenas una cadenita, tiran a una gurisa al piso e igual le hacen cualquier cosa; eso, no lo puedo permitir. He salido a defender gente", relata, aunque también confiesa que cometió dos asesinatos de los que no se arrepiente. El primero lo llevó 15 años a Punta Carretas. "Él le hizo mucho daño a mi finada madre. La iba a matar. Y el otro fue en la cárcel... estábamos jugando al fútbol, jugando... y vino esa persona y mató a un compañero en mis brazos. `De ese me encargo yo`, les dije. Y me encargué. Estábamos jugando... De ahí me dicen Sataní, pero Satanás era él, que me dejó un muerto en brazos".

En la madrugada del lunes se registraron entre 2 y 4 grados en Montevideo, con sensación térmica bajo cero. Al igual que Sataní, pese a las heladas temperaturas, centenares de personas eligen dormir en plazas, zaguanes o bajo algún puente. No acuden a los refugios, que desde 2005 se encuentran abiertos todo el año. Un relevamiento realizado por el Ministerio de Desarrollo Social resaltaba en 2006 que 329 personas durmieron en la calle la noche del 24 de octubre, de los cuales 320 eran adultos, y 9 niños y adolescentes. El 76% pertenecía al sexo masculino; y de éstos 38% tenía entre 31 y 55 años, y 12% era mayor de 65.

"¿Y qué hago con los perros?", se pregunta Sataní ante la elección de ir a un refugio. "Mi padre vivió 31 años en la calle y así murió. Yo igual. No dejo a mis perros abandonados. ¿Frío? No, si me crié al aire libre. Además, todo esto es lo que tengo, no lo puedo dejar", indica refiriéndose a sus pertenencias desplegadas en la plaza. Recuerda su primera frase ("cuanto más conozco a los hombres, más amo a los perros") y pronto hace una salvedad: "hay gente muy buena", y mira la cuadra de enfrente: "me ayudan mucho".

Sataní dice que su vida continuará así, y que él está bien. No espera nada del gobierno, ni lo quiere. Cuando se le menciona el Estado, asegura que han ido hasta allí a buscarlo para los refugios o para darle bebida caliente. La primera asociación que hace cuando se habla del presidente Tabaré Vázquez es: "solo en este país, el presidente del club en el que yo jugué al fútbol de joven, es ahora el presidente del Uruguay". La segunda asociación todavía es más curiosa: "los pinchazos que nos daban en Miguelete", refiriéndose por supuesto a la condición de médico del primer mandatario.

"Existen situaciones que son muy difíciles de revertir", señala la directora del Programa de Atención a los Sin Techo, la psicóloga Estrella Domínguez. "Cada ser humano es libre de optar por lo que quiere y siente que es mejor para él. Es un derecho legítimo. No podemos sacarlos de la calle y enviarlos a un refugio de un día para otro. Es un trabajo diario, lo hacemos todas las noches: ir a hablar con ellos, informarles los beneficios como la alimentación que brinda el Inda, el abrigo, la compañía, e ir modificando su situación. No es tarea sencilla. Esas personas tienen sus redes sociales establecidas en alguna esquina o cuadra, que le es familiar, además de sus animales y pertenencias. Se sienten ligados sentimentalmente a eso, y no lo abandonan. Reinsertarse en otro lugar, les significa cumplir normas, y no es fácil".

La socióloga Fiorella Ciapessoni realizó una exhaustiva investigación sobre los homeless (sólo del género masculino) en Uruguay para su tesis, y continúa estudiando el fenómeno. La experta no hace una diferenciación importante entre los sin techo que acuden a los refugios, y los que no. "El refugio ofrece una cama, comida caliente, medicamentos, cosas que no son menores para personas en situación de carencia absoluta. Pero ninguno de ellos tiene la contención del hogar. Se le han debilitado casi todas las redes. Seguramente lo alejó de la familia, o eso mismo lo condujo a la calle. Todos sus vínculos se rompen, y materialmente carecen de todo. No tienen manera de valerse por sí mismos. Pero lo más grave es el estigma que la sociedad deposita en ellos por estar en la calle, y la propia desvalorización que se autoimponen. Lo que más me impactó durante la investigación fue la soledad. Se puede estar en situación de extrema pobreza, en un asentamiento, por ejemplo, pero no se está solo. Hay un núcleo, un soporte. En estos casos no, los individuos caen y están completamente solos, y subsisten gracias a la ayuda institucional, o a mendigar, requechar, cuidar coches".

ESPERA. El puente de Sarmiento cobijó a tres personas en la madrugada del lunes, dos hombres y una mujer. Irineo Melo Rodríguez (68) se muestra enojado con su situación, mientras comparte unos mates con Nibia (50), quién vino de Melo para verlo y cobra por el Plan de Emergencia. Silencioso y alejado se encuentra Leonardo, tiene 65 años, hace más de cinco que está en la calle y cuida coches en una cuadra cercana. No tiene documento alguno, no va a los refugios, no cobra dinero público. Resulta difícil entender sus palabras. "Es epiléptico y tiene problemas cardíacos", aclara Rodríguez.

"Voy a cumplir 69 si es que llego, porque pasé por seis operaciones. Tengo un brazo imposibilitado, y una tercera pierna", agrega Rodríguez refiriéndose a su bastón. "Cobro una pensión de mil y pocos pesos, y con eso vivo pero no me da para vivir en una pensión. Estoy apuntado desde hace dos años en el Plan de Emergencia, y todos los meses voy a la ventanilla 3 del BPS y nada. Intento, porque intento, vivir. Sí, me han venido a buscar para ir a los refugios. Pero, señora, ese carrito y esos dos perritos es lo que yo tengo. Perdería todo si me fuera. Ese perro hace 12 años que me acompaña ¿qué le parece? Dejarlo tirado a él, es como dejarme tirado a mi durmiendo al intemperie. Se muere, pobrecito. Son mi familia. Exactamente, señora, nos roban y hay que dormir con un ojo abierto y otro cerrado, pero igual duermo más tranquilo que en un refugio. Es un poco ridículo nuestro país, y vergonzosa la forma de vivir. Yo digo que, con un poco de conciencia moral, nuestros mandatarios tendrían que crear fuentes de trabajo. Yo sé que no puedo hacer cualquier cosa, pero sí barrer una calle o vereda. Para mí sería un orgullo. Es ridículo que haya tanta gente en la miseria. No quiero nada de garrón, pero si hay cinco mil casas tapiadas como dicen, o terrenos, bueno que nos den una pieza y nos cobre el Estado. De buen corazón lo haría. ¿Qué arregló Tabaré Vázquez? Nada. Creí que sí, y le arrimé 30 o 40 votos de gente de la calle. Se va a terminar su gobierno, y voy a seguir esperando por el Plan. Y vendrá otro, con nuevas promesas".

Las personas en esa situación tienen poco o ningún relacionamiento con la sociedad, y la única amistad verdadera que sienten es la de sus perros, señala Raúl Alayón, quién luego de la crisis del 2002 quedó en la calle, fundó el Movimiento Uruguayos Sin Techo, y ahora se ha reinsertado en el mercado laboral privado. "El perro es el que da calor, el amigo fiel. No van a los refugios pero igual sienten vergüenza de estar en la calle, y están enojados con el mundo. Pero, quizás sin ser conscientes, también están enojados consigo mismos porque no pueden pilotear la situación. Por un lado están quienes, tras la crisis de 2002, perdieron el trabajo y la familia, todo. Bueno, se debe recomponer eso, afrontar la situación, ya estamos en 2007 ¡enojate contigo mismo! Es época de salir ¿no? Si yo pude, otros también. A mi me dieron las armas, y las utilicé. Estamos ofreciendo armas a otros, eso es lo fundamental. ¿Qué es lo más duro de la calle? No saber qué pasará mañana porque yo no me imaginaba viviendo 10 años en la calle. Por esa razón se debe trabajar con esas personas que tienen esa cantidad de años y analizar qué tipo de ruptura hicieron para llegar al extremo. Toda decisión es respetable, porque se sabe que en los refugios exigen reglas mínimas, en cambio la calle da libertad, dinero y comida. La tarea es generar conciencia de los beneficios de esa otra vida".

Lo laboral es cuestión de vida para muchos. En Parque Rodó, un grupo de tres hombres, que se cuidan mutuamente y no dejan por nada del mundo a Carlitos (el perro) se quejan de que en Uruguay, los mayores de 40 no encuentran trabajo. "Nos cansamos de buscar", señala el más veterano de los tres, de unos 60 años. Pero también el de 29 tiene sus reclamos: "como estamos en la calle no te dan, como que es un círculo. Al final nos arreglamos como podemos y ya no buscamos más".

Justamente, la socióloga Ciapessoni entrevistó a hombres que habían perdido su trabajo. "No niego que en Uruguay hubo un cambio, y las madres hoy son jefas de hogar. Pero, para el hombre, la pérdida de trabajo es vergonzosa porque socialmente se lo ve como el sostenedor de la familia. Se produce un desgaste en las relaciones, y a diferencia de las mujeres, el género masculino no tiene soporte alrededor. Lo ayudarán un tiempo, pero luego queda en la calle. En cambio, la mujer tiene mayor contención".

ANÓNIMOS. En las cercanías de AFE, bajo nylon, vive una pareja; ella está embarazada de tres meses. "No me fotografíen, no quiero que mis hijos me vean", dice el hombre de 43 años, y señala que "ni loco" va a un refugio donde le robarían, y se agarraría sarna. "Conozco una persona que fue dos días, y terminó en el hospital. Así me arreglo. No, no cobro el Plan de Emergencia".

La directora del Programa de Asistencia a los Sin Techo, Estrella Domínguez, señala que en el imaginario de quienes viven en la calle se instaló la idea de que en los refugios hay todo eso, y que es peor a la situación que viven.

Quienes han pasado por refugios señalan que sí, que se producen robos, que hay piojos. Alayón indica que "sentándose en una plaza, uno puede agarrarse piojos. Esa no es razón, más allá que haya algo de eso".

Existen ciertas características comunes de quienes eligen la calle. "Por lo general están en algún lugar donde cuidan coches o bajo puentes. Algunos presentan patologías psiquiátricas, tienen poca comunicación con la sociedad, incluso entre ellos. Muchos son adictos. No aceptan normas de higiene u horarios, explica Estrella Domínguez.

Tienen historias fuertes, por adicciones, antecedentes penales, y prefieren la calle porque se sienten libres, agrega la directoral de Asistencia Crítica e Inclusión Social del Mides, Bertha Sanseverino.

HÁBITAT. En una pequeña casa de cartón, en Avenida Italia, vive Beba, quien a sus 59 años, dice que es una mujer de guerra, dueña de armas, que no "somos 3 millones sino 803 millones", que tiene papeles que valen millones y no va a los refugios porque se los robarían. Afirma que su marido es joyero de lujo, que tiene hijos y se los sacó la policía, que hizo 15 presentaciones en la "Suprema", que trabaja para norteamericanos.

La directora del Mides, Sanseverino, indica: "ella dice que quiere estar ahí. Vive sumergida en un mundo donde el conflicto bélico, del cual se considera partícipe, la traslada a un mundo irreal que la protege, y no la deja sufrir las consecuencias de estar en la calle. Por eso, trabajamos junto a la Sociedad Psicoanalítica, ya que en estos casos no podemos destruir el hábitat donde están instalados porque puede provocar frustración, y acelerar su problema de salud".

Quienes ingresan a situación de calle pasan por tres estados -asegura la socióloga Ciapessoni-: la incorporación, la adaptación y el acostumbramiento. En el primero, el individuo se va informando de todo lo que le ofrece la calle. Con los meses, llega la adaptación. "Es como que la corriente lo va llevando. La variable tiempo es clave porque mientras transcurre, el individuo se va habituando, y ahí es cuando empieza como a sentirse más de la calle que de la sociedad. El trabajo social debe actuar en la primera etapa, antes de que la persona se adapte a sobrevivir de esa manera", finaliza la experta.

Unas 300 personas pernoctan bajo nylon o cajas de cartón

A un año y medio de inicio del Programa de Asistencia a los Sin Techo del Ministerio de Desarrollo, se registraron 3.000 ingresos. Por los refugios pasaron 1.800 personas.

En octubre de 2006, se realizó el primer conteo de personas en situación de calle en Montevideo, registrándose unas 1.000; 688 se encontraban en refugios (419 mayores de 18 años y 169 menores), y en la calle se contaron 320 adultos y 9 niños. "Eso no quiere decir que esas cifras se mantengan hoy, puede haber más o menos. Esa población es variable y fluctuante. Puede haber estado esa noche, o 3 días porque se pelearon con un familiar. Hay personas con perfil de mucho más tiempo. Encontramos gente cuya vida transcurrió en el Inau, o individuos con patologías psiquiátricas, adicciones al alcohol u otras sustancias adictivas. Generalmente, se niegan a ir a los refugios", señala la psicóloga Estrella Domínguez.

Con esos individuos crónicos y estructurales, es que se está trabajando. La directora de Asistencia Crítica e Inclusión Social, Berta Sanseverino, indicó que todas las noches salen equipos móviles que se encargan de informar a esas personas sobre la importancia de ser incluidos en la sociedad, a través de los refugios y otros planes del Mides. "Muchos no saben ni de su existencia, por lo que es importante hacérselos conocer", señala.

Otra temperatura en los refugios

MONTEVIDEO. El ingreso a los refugios se realiza por Convención 1572, de lunes a viernes de 18 a 22, y fines de semana de 19 a 21. Son seis: Río Branco (Río Branco 1465) es exclusivo para mujeres con niños; Requena (Joaquín Requena 1703) está destinado a hombres; en San Vicente de Paul (Fernández Crespo 2131) se recibe hombres entre 18 y 50 años; Estrella del Sur (Florida 1178) es para familias; Mercedes (Mercedes 1227 segundo piso) recibe mujeres, y Andares en J. Barrios Amorín 1418 está destinado a una población mixta, considerado de baja exigencia en cuanto al ingreso.

CENTROS DIURNOS. Para mujeres con niños está Cecrece en Río Branco 1467; se destinó M`Boruyá en Fernández Crespo 1910 para personas con trastorno psiquiátrico, y los talleres se desarrollan en el Centro Gustavo Volpe (Soriano 1280).

INTERIOR. Hay 5 refugios para familias en Maldonado, Paysandú, Canelones y San José.

Adicciones que los expulsan

En una simple recorrida, o en investigaciones realizadas, se observa que las sustancias psicoactivas, muchas veces determinan la permanencia de individuos en la calle, y la negación de ir a refugios donde no permiten el ingreso de personas alcoholizadas o drogadas. Se les revisa pertenencias, para que no lleven bebida o drogas, y armas blancas.

"Me peleé con mi familia, y ahora estoy aquí", señala un joven de 18 años, que duerme en Parque Rodó, sobre la calle Gonzalo Ramírez.

-¿Por qué te peleaste, drogas?

-Sí.

-¿Y por eso no vas a los refugios?

-No, por ahora estoy bien así.

-¿Y las drogas?

-Estoy encarando, encarando.

-¿Qué drogas?

-....

"Los consumidores de pasta base generalmente terminan robando a sus familias, para conseguir más. Los padres aguantan hasta que se les hace imposible. Esos chicos van al Inau o a la calle", señala Raúl Alayón. "Yo no tuve ese problema -agrega- mi tema fue el desempleo. Pero lo observo hoy. Fui coordinador de un refugio donde había adictos a la pasta base, y tanto yo como mi compañera, fuimos criticados porque les pedíamos a esos chicos que se cambiaran a la marihuana. Hubo gente que dijo que hacíamos apología del delito, incitando a consumir".

En la conversación con individuos que pernoctan en las calles, se observa lo mismo que en otras clases sociales: sin problema cuentan que toman alcohol (sienten que no está mal visto) pero nada expresan sobre otras sustancias. "Pero el alcohol, y sobre todo en quienes hace tiempo que están en la calle, es mortal. Porque toman rectificado que mezclan con jugolín o alpiste, para sacarle el `tufo` y que al tragarlo no queme. El tema es que el rectificado termina matando igual que la pasta base; destroza el hígado. Primero el consumidor cambia de color de piel, y llega un momento que no retiene la orina ni la materia. Lo vi con mis ojos. Pero además, se les debe decir que no da calor, quizás un vino sí, pero el rectificado no", señala Alayón.

Asimismo, esos jóvenes son muchas veces quienes protagonizan los incidentes violentos que se leen en los diarios, indican fuentes policiales. Pocos, pero que hacen ruido y se tornan muy agresivos, agregan.

Desde el Plan de Asistencia a los Sin Techo, se comenzó a atacar el problema. "Estamos trabajando con la Junta Nacional de Drogas para potenciar la labor. La población joven de los refugios es mayoritariamente adicta, y eso los ha expulsado de sus familias", indica la psicóloga Estrella Domínguez.

Berta Sanseverino, señala que esa es una de las razones, por las que se abrió un refugio para crónicos.
FUENTE : EL PAIS.

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